El paso del moisés a la cuna puede parecer más importante de lo que es. Durante meses, el bebé ha estado lo suficientemente cerca como para alcanzarlo con una mano. El moisés se ha convertido en parte del ritmo de la habitación. De repente, el bebé empieza a rodar, a crecer, a golpear los laterales o a alcanzar el límite de peso, y la cuna empieza a parecer necesaria.
Es normal que la cuna parezca demasiado grande al principio. Puede parecer abierta y poco familiar en comparación con el pequeño y acogedor espacio que el bebé ha conocido. Pero una cuna también puede darle al bebé más espacio para moverse con seguridad, especialmente una vez que comienza a rodar.
Algunas familias hacen la transición de golpe. Mantienen la misma rutina de la hora de acostarse, la misma máquina de sonido, el mismo saco de dormir, y simplemente trasladan al bebé a la cuna. Otros comienzan con las siestas en la cuna durante el día antes de trasladar las noches. Un enfoque gradual puede ayudar tanto al bebé como a los padres a adaptarse.
Las transiciones más fáciles suelen mantener el mayor número posible de señales iguales. La misma habitación, la misma temperatura, el mismo sonido, el mismo orden de la hora de acostarse, la misma ropa de dormir. La cuna puede ser nueva, pero el ritmo que la rodea puede resultar familiar.
Si todavía compartes habitación, la cuna puede trasladarse primero a tu habitación. Esto mantiene al bebé cerca mientras le da más espacio. Una vez que todos se sientan listos, la cuna puede trasladarse a la habitación del bebé.
La transición del moisés a la cuna no es solo un cambio en el sueño. Es una de las primeras pequeñas señales de que el bebé está creciendo. Eso puede resultar tierno. También puede resultar esperanzador. Más espacio, movimientos más seguros y un nuevo ritmo son parte de la siguiente etapa.